Dedicatoria para Once
Hoy es un día para agradecer, porque seguro está lleno de sentimientos de emoción, orgullo, felicidad, satisfacción, sueños, aprendizajes, planes y caminos, vidas compartidas, y seguramente hay una mezcla de melancolía, alegría, tristeza y miedo, esas ganas de irse, pero también quedarse, pero la certeza que pueden tener es que ustedes son jóvenes llenos de talentos y grandes sentimientos, que siempre los llevarán lejos, serán realizadores de proyectos con miradas humanas y valiosas para este mundo, de eso estoy segura. Espero que los años en este colegio los deje impregnados del amor por el que siempre estuvieron cobijados, cada maestro, cada maestra, con los ojos del alma siempre observándolos, pensado en que estaban formando grandes seres humanos, que el día de mañana saldrían a hacer realidad sus sueños, pero con una gran conciencia. Ahora les toca a ustedes encontrar sus propios desafíos, su norte, ya ustedes tienen su autonomía como individuos libres, que pueden estar en un mundo conscientes de la época que les toca vivir. Entonces solo queda agradecer a Dios y a sus padres por confiar en nosotros para que con nobleza les enseñáramos no sólo las ciencias, ni las matemáticas, sino, muchas otras cosas importantes de la vida, como la solidaridad, la compasión, la prudencia, el sentido del yo ajeno, se van con su ser lleno a conquistar el mundo.
Un abrazo grande.
Que los días cuentan historias, no hay duda.
Que los seres humanos, vivimos la historia, así es.
Días, seres humanos, historia.
¿Qué historia están contando sus días?
Hoy, estoy haciendo un recorrido en mi pensamiento desde sus primeros días como grupo, desde sus primeros días sintiéndose grandes, maduros.
Les quiero compartir parte de una conversación entre dos niños, uno de primero, cuyo tutor era el maestro Guillermo García y otro de segundo, cuya maestra tutora era Omaira Barrera. La conversación tuve la oportunidad de escucharla en el viaje que compartíamos en la buseta que nos llevaba a nuestras casas en las horas de la tarde:
NP* ...¿Quién es tu maestro tutor?
NS* La maestra Omaira
NP ¿y cómo es ella?
NS Querida, nos cuenta historias, nos enseñó a leer, ahora nos está enseñando a multiplicar
NP Huy que bueno para Ustedes, o sea que es una maestra muy interesante. Ay no, en cambio nuestro tutor es muy infantil, nos cuenta cuentos de hadas, nos trata como niños y nosotros ya en primero.
*NP, Niño de Primero
*NS, Niño de segundo
Les digo, esa conversación la llevaré por siempre en mi alma ¿Qué pasa por la cabecita de un niño al pasar del preescolar a primero? Me imagino el gran salto que siente, está dando en su vida. Cuanto me reí este día, hoy veo el chico de esta conversación y pienso, pues si, madera de intelectual.
Caminaron juntos, se despidieron unas cuantas veces de tutores y recibieron con expectativa e ilusión los nuevos. Cuestionaron, midieron aceite, algunos. Expusieron su pensamiento crítico, se molestaron una que otra vez con lo que consideraron injusto. Escucharon y reflexionaron, se rieron o alegaron con la misma facilidad. Reclamaron la norma, cuando pareció desaparecer, reclamaron coherencia en el maestro con su adultez. Sentirlos cercanos, esculcando el saber en el adulto, un saber que fuera más allá de los libros, más allá del aula, fue en verdad, grato.
Hoy, en el año más atípico que nos puso a vivir la naturaleza, los días continúan contando historias. Espero que, a pesar de la incertidumbre, este año pueda contar la historia de los jóvenes maduros que ya en grado primero se sintieron grandes. Que sean grandes para amar y amarse, que sean grandes para identificar las amenazas y hacerse menos vulnerables a ellas, que sean grandes para elegir el camino con mas luz, el camino que les sublime y saque de Ustedes el ser humano maravilloso que ha vivido la historia de estos tiempos.
Muchas gracias por la cercanía, las sonrisas, el amor y la credibilidad. Muchas gracias por elegirnos. Muchos momentos quedan en mi corazón. El sol brillante de la Guajira, los padrinos y madrinas, los ahijados a veces haciendo que, si entendieron, los apuntes salidos de lugar de uno que otro, la alegría cuando entendieron como se sacaban los grupos y periodos de una distribución electrónica. El afán por enseñarme a borrar el tablero con el borrador para que no lo hiciera con la mano. Ser su cotutora por dos años fue super.
Hoy nos despedimos, sabiendo que todos los momentos fueron importantes, que la relación dio sentido al quehacer, que el quehacer no fue más que crecer y que ninguno seguimos siendo iguales después del compartir.
Gracias, muchas gracias, que contemplar un atardecer, que respirar en un bosque, que leer, conversar y escuchar los pájaros, así como indagar en su centro llene sus días y abra caminos hacia afuera y hacia dentro.
Un abrazo, fuerte, muy fuerte.
Feliz viaje.
Maestra de química, Asesora Pedagógica: Nancy Lilly Durango Orrego
El que opera con despreocupación
solo realiza la mitad de lo suyo.
la obra entera requiere
atención, silencio, empeño
y también fidelidad aún en lo más pequeño”.
Rudolf Steiner
Estudiantes grado once.
La vida es un transitar por momentos, dificultades, encantos y desencantos, perderse y volverse a encontrar y es que cada encuentro es un nuevo descubrir de cosas nuevas y mejores en cada uno, porque ese transitar lo que nos trae son aprendizajes y crecimiento; con esmero, sonrisas, entusiasmo y desanimo a veces, han pasado grado a grado las mejores experiencias hasta hoy, se han construido, formado en compañía, apoyando unos a otros como un gran grupo, siempre con esa mirada amoroso y a veces dura, pero siempre volviendo al principio fundamental, aquel que los hace iguales y los une más, aquel que les permite reconocerse y continuar caminando, el vivir desde el corazón.
Y para este nuevo camino es necesario expandir la mirada, sin dejar de recordar lo recorrido y lo aprendido, es necesario ser un héroe y con esto me refiero a encontrar el súper poder interior, el poder del conocimiento, pero también el de la humildad, el poder de la sencillez y de la escucha, ese es muy fuerte, el poder de mirarse y saber que cada día se puede ser mejor, para de esta manera no transformar el mundo, pero si el entorno en que se van a mover de ahora en adelante, desde ahora son los encargados de salvarse a ustedes y a los seres a su alrededor.
Cada camino marcado ha dejado algo en ustedes, raíces, lazos, vínculos, recuerdos y sensaciones de haber vivido lo mejor, de haber aprendido lo necesario y más, de haber sonreído y hasta llorado, pero de alegría o de risa. Ya es el momento de partir y seguir descubriéndose en la vida, su misión de ahora en adelante es ser realmente héroes de sus propios recorridos.
Por otro lado, gratitud a todos y cada uno por permitirme compartir este último año, ha sido para mí, también un gran aprendizaje, maravilloso el camino recorrido junto a ustedes, de cada uno he aprendido.
Un fuerte abrazo, los llevo en el corazón.
“Hemos trabajado con las manos y con amor nuestra labor terminado.”
“Cuando llevas el sol por dentro, no importa si afuera llueve”
Cada mañana fue el nuevo comienzo para una gran aventura, las ganas por el conocimiento, la voluntad para recibir de cada maestro su palabra y saber; absorber de él lo que con amor preparaba, fue lo que vi en ustedes.
Un grupo que supo conquistar cada día, la valía de llegar a un aula de clase que siempre se vistió de gran disposición para recibirlos, acogerlos e ir construyendo ese rayo de luz que hoy encuentra la salida.
Ese rayo de luz, que por momentos y de forma natural tuvo dispersión, dispersión disfrazada de melancolía, insatisfacción, alegría, espontaneidad, errores, perdón y satisfacciones tanto individuales como grupales.
Cada rostro una partícula sin igual, cada corazón un mundo de emociones, cada mano una forma de trabajar y cada mente una cajita de recuerdos que verán cada elemento de la naturaleza como un regalo y una fuente para experimentar.
Los mejores deseos para un grupo que compartió de forma honesta cada pensamiento acerca de su entorno y reconoció en cada dificultad una forma de ver una nueva solución. No cabe duda de que pronto volverán a contarnos sus nuevas historias y estaremos atentos a escucharlas con todo el amor.
Un abrazo, fuerte, muy fuerte.
Feliz viaje.
Maestra de matemáticas y física: K-rolyne
AÑO ATÍPICO
Un año diferente, no un tanto, sino mucho. Nada que pudiéramos albergar como posible en nuestras vidas cotidianas. Un inicio lleno de incertidumbre, desasosiego y afán por encontrar la solución para que la vida pudiera continuar lo más “normal” posible. Ansiedad, impotencia, temor, nos embargaron, sin embargo, sabíamos que debíamos continuar. Niños, Jóvenes, Padres, Maestros, Institución, con poco o mucho saber en las tecnologías, emprendimos el camino de la respuesta, no había cabida para la desesperanza, el no sé, no encontró eco.
Fuimos encontrando el camino en medio de la reinvención. Pedagogía Waldorf en la distancia, con seguridad, lo que si dictó nuestra alma fue encuentro a pesar de. Que, si lo hecho fue lo mejor, que, si pudimos hacerlo mejor de otra manera, quizá, pero que, si lo hicimos con amor, con anhelo de brindar un norte, seguro que sí.
El aula en las casas, el maestro en el comedor, en la oficina, en la cocina, en la sala, los niños y jóvenes en nuestras mesas y escritorios, además de un reto una cercanía extraña y forzosa que generó algunas veces cuestionamientos, pero que también muchas veces generó reconocimiento.
A los Niños y Jóvenes, un aplauso por asumir la incomodidad de encontrarse con sus maestros y compañeros a través de una pantalla, por hacer talleres, por confiar en sus Padres como maestros, por dejarse tocar por el reto. Con los días fue siendo más difícil, quien lo creyera, la piel del otro hacía falta, el verde, los descansos con los pares, las risas en compañía. Luego, el miedo fue derrotado por el anhelo de volver. Que vivencia tan gigante han tenido en sus vidas, nada volverá a verse igual.
A los Padres, un Dios les pague por hacer equipo, por ser maestros de vida y de aula, porque en medio de semejante incertidumbre económica y hasta debacle en algunos casos, asumieron una tarea no agendada. El cielo, los cobija e ira proporcionando los caminos para la recuperación, el cielo sonríe al ver que el caos trajo acompañamiento, mayor compartir con sus hijos, una posible mejor comprensión de la Pedagogía y un mejor entender del quehacer del maestro. También el cielo sonríe por sentirlos más fuertes, más gregarios y solidarios. Dios les pague.
A los maestros, inmensa gratitud por ponerse la camiseta, por seguir asumiendo la escuela nos solo en la parte académica sino en los diferentes Comités, talleres, por superar el temor y la ansiedad, porque a pesar de que su mente parecía no concebirlo posible y a pesar de que sentían que podrían salir lastimados al intentarlo, encontraron en su alma la manera y entregaron con amor, no sólo su saber sino la esperanza. Inmensa gratitud porque en esos días de más de doce horas de “trabajo”, estuvieron incluidos cada uno de sus alumnos, desde quienes podían obtener los logros sin tropiezos, como aquellos que no veían como opción realizar las actividades propuestas, igualmente, incluyeron y hubo permanente mirada a quienes anímicamente sufrieron un gran desacomodo. Esto, nos permite asegurar que en el ser del maestro la tarea se siente como una real misión. Gracias, muchas gracias por asumir la tarea con amor.
A los Administrativos y Operativos, muchas gracias por estar prestos, por hombro a hombro y en silencio hacer parte, por transmitir bienestar, por sonar a trinos de ave canora.
A la Institución muchas gracias por dar cohesión por plantearse escenarios y actuar, por incluir y brindar soluciones, por generar valor y sentir la comunidad.
Cada uno vivimos historias alrededor de nuestro entorno académico, pero también historias individuales, hubo vivencias fuertes de enfermedad, pérdidas, dolores y sentires internos, algunos superados otros en camino. Un año que movió al ser humano y lo desacomodó, hoy buscamos el acomodo, hoy propongo un brindis, que un coctel de sentimientos sublimes haga parte de él, la gratitud su espuma y el amor su sabor. Chin, chin, por cada uno. Chin, chin, por todos. Salud, bendiciones, que todo nuestro ser diga salud, que todo nuestro ser se sienta fuerte y sienta que su luz resplandece, que todo nuestro ser sienta que los años por venir traen aires de armonía y prosperidad. Chin, chin.
Una ráfaga de sorpresas bellas y mágicas
Un bosque frondoso, húmedo, recibe atentamente a un hombre preocupado e inconforme por estar inmerso en una vida de seres actuando insensible e incoherentemente, él, da sus pasos meditando y preguntándose diariamente ¿Habrá algún lugar espacio de este inmenso bosque, donde la sensibilidad y la coherencia se vea y se sienta con facilidad?, lleva años y años buscándolo ansiosamente y no ha tenido suerte. Repentinamente se encuentra en el fondo del bosque, “una ráfaga de sorpresas, bellas y mágicas”, y él con gran duda sigue, la cual parecía que quedara en el confín de la tierra, caminada y caminaba, y se esta se alejaba como la utopía, lo único que lograba alcanzar era el cansancio físico y psicológico, cada vez que este hombre estaba a punto de sentir en su piel esta ráfaga, ella lograba escaparse.
Este hombre triste y preocupado, pensaba y murmuraba que no contemplaría su vida futura sin encontrar este mundo de bellas y mágicas sorpresas.
Un día cálido y despejado hace que el bosque decida darle al mundo nuevas sorpresas y este día el hombre se topa frente a frente con aquello que tantos años estuvo buscando y persiguiendo, este encuentro hizo temblar la tierra, hizo que todos los pájaros del bosque trinaran sin cesar con gran tono, hizo que cada raíz, cada tallo, cada hoja y cada fruto de cada uno de los árboles de este bello bosque, se estremecieran y conocieran lo pulcro e importante que es no perder la esperanza. Cuando por fin este hombre se mira frente a frente le llega a su mente: tantas vidas, tantos mundos, tanto espacio y coincidir… con la escuela que forma a todos sus miembros para la vida, la escuela Waldorf Isolda Echavarría.
Este hombre ha encontrado en este sitio tranquilidad, amor por la naturaleza, ternura, alegría y tolerancia en las niñas y niños; sensibilidad y comprensión en las familias; valoración, apoyo y compañía en un grupo administrativo y disposición, belleza interna y asombro en cada uno de las y los maestros, que día a día buscan incansablemente la manera de hacer feliz a todos estos únicos seres que son nuestra razón de ser “nuestros niños, niñas y jóvenes”; toda persona que llegue a este lugar, sentirá en cada rincón, en cada persona y en cada acto: sabiduría, claridad, humildad, transparencia, esperanza, fragilidad al pensar y actuar; todo esto junto forman el lugar más bella que pudo crear Dios.
A todos y cada uno de las personas que hacen parte de esta bella propuesta de formación llamada Waldorf Isolda Echavarría”, les doy gracias por haberme permitido tener la maravillosa oportunidad de vivir la pedagogía Waldorf en carne propia, y espero disfrutar y dar lo mejor de mi durante mucho tiempo.
Maestro de Educación Física Primaria: Edison Carmona Grisales
CUENCO DEL SOL
Un nuevo año nos convocaba para la labor, pero el universo nos guardaba un evento sorprendente que había de remover todas nuestras fibras desde lo social hasta lo anímico. Al pasar los días comenzó a resonar con fuerza la noticia de un virus que amenazaba el continente asiático, lo cual en nuestro enorme egoísmo parecía no preocuparnos, quizá por lo lejanos que nos sentíamos no solo de la situación sino también de las personas que lo padecían.
El seis de marzo el primer caso tocó la puerta de nuestro país y rápidamente las cifras comenzaron a aumentar, el quince de marzo se anunció que los colegios serian cerrados y la nueva palabra que debíamos adherir a nuestro léxico habitual era “pandemia”, un término que era obsoleto o ajeno para muchos. Los sentimientos encontrados emergieron de inmediato, estar en casa traía regocijo y calma, pero al tiempo el miedo, la incertidumbre y el pánico generalizado no se hicieron esperar y comenzaron a apoderarse de nuestras emociones.
La incertidumbre creció y con ella llegaron los fuertes cambios en las dinámicas familiares, escolares y sociales que a su vez representaban retos y la apropiación de nuevos roles. Los días se hicieron más largos y las tareas crecieron a la par. El miedo y el egoísmo se hacía visible no solo en nuestro interior, sino en lugares como droguerías y supermercados donde algunos buscaban comprar cantidades exageradas de productos a riego de llegar a desperdiciarlos, pese a que alguien más lo pudiera necesitar.
En el confinamiento muchos ideales comenzaron a cambiar; los oficios más relegados encabezaron un protagonismo en la pirámide social pues nos aterraba la idea de que por la pandemia se dejara de cultivar o cosechar, o que las personas que recogen la basura no llegaran hasta nuestro hogar… así valoramos mucho más a quien nos ayuda a limpiar. Pedíamos que el agua no dejara de llegar y la luz de alumbrar y que las enfermeras y médicos siempre asistieran llenos de salud a cuidar vidas. A medida que nos distanciábamos comenzamos a descubrir la importancia de las relaciones familiares, de los amigos, de la calidad de tiempo; extrañábamos poder salir a caminar, estar bajo un árbol, tocar el agua del rio, la arena y las olas del mar; poder abrazarnos, dar un beso, compartir una comida y tomarnos de la mano en completa paz.
Nuestro colegio también se debió transformar: pasamos de un aula cálida a un aula virtual donde las familias empezaron a enseñar y a acompañar a todos nuestros niños y jóvenes en sus aprendizajes, y los acunaron para brindarles la seguridad que les ha permitido mantener sus pies firmes y su corazón intacto ante tanto movimiento.
Y es aquí donde el Cuenco del sol comenzó a transformarse, a albergar no solo a niños y jóvenes, sino a familias completas para abrazarnos y juntos poder transformar esta época en aprendizajes que nos lleven a una nueva humanidad.
Muchos dicen que anhelan que todo vuelva a la normalidad, pero nosotros no. Somos conscientes del daño que esa “normalidad” nos ha causado: que sea normal el egoísmo, la competencia, el deseo de poder, la tiranía, las drogas, el suicidio, el maltrato, los abusos, la contaminación, la destrucción y tantas situaciones que nos alejan de una verdadera evolución, la espiritual.
No sabemos por qué llego esta situación a nuestro planeta, a nuestro continente, a nuestro país, a nuestra familia o a nuestra vida, lo que sí sabemos es que nuestra humanidad necesita un cambio real y posiblemente esta es la oportunidad que nos faltaba. No queremos que en un tiempo todo sea olvidado y por el contrario el único efecto que esto genere sea mares llenos de tapabocas, guantes y restos del material usado durante la pandemia.
Desde el Cuenco del sol queremos que el año de los números pares sea recordado como un antes y un después en la historia de la humanidad donde nada vuelva a ser igual sino mejor, donde la empatía que nació entre las personas y los países se mantenga y crezca, donde nos interese la condición del otro aunque se encuentre en otro continente, donde la familia sea lo más importante, la salud un regalo diario, los besos y abrazos un privilegio, donde valoremos y conservemos lo simple y natural, donde se reconozca la verdadera importancia de las labores del hacer y del servicio, donde nos apropiemos de nuestro planeta al cual tanto le debemos… donde comprendamos que el mundo y nuestra existencia no puede ser únicamente algo material, sino que nos debemos a una Entidad Espiritual, la cual nos permite ser más humanos y a la vez más espirituales, nos permite comprender el darnos, el ser no un yo o tú sino un nosotros.