
En el marco de su proyecto de investigación de grado, Brisa Flórez Betancur e Isabela Restrepo Castrillón, estudiantes del Colegio Waldorf Isolda Echavarría, exploraron cómo cambia la manera de comprender y expresar el amor a lo largo de las diferentes etapas de la vida. A partir de encuestas y entrevistas realizadas a integrantes de la comunidad educativa y familiar, las estudiantes identificaron semejanzas y diferencias entre las percepciones de jóvenes y adultos. En este artículo comparten algunos de los principales hallazgos de su investigación.
¿El amor significa lo mismo a los 15 que a los 50 años? Esta fue la pregunta que guió nuestra investigación sobre cómo cambia nuestra manera de amar, expresar afecto y construir relaciones a lo largo de la vida.
A través de encuestas realizadas a 153 estudiantes y 48 adultos de la comunidad del Colegio Waldorf Isolda Echavarría, además de entrevistas estructuradas a personas de diferentes grupos de edad, descubrimos que el amor no es estático, sino que evoluciona junto con nuestro desarrollo personal y nuestras experiencias.
En las primeras etapas de la vida, el amor suele estar marcado por la intensidad, la emoción, la ilusión y el deseo de compartir. Para los estudiantes más jóvenes, una de las formas de demostrar amor más valoradas es el cariño, con un 68,6 %, seguido del respeto, con un 55,6 %, y la comprensión, con un 43,8 %. Además, el 45,8 % considera que dedicar tiempo y atención es una de las principales formas de demostrar amor.
En este grupo, el amor se relaciona principalmente con la compañía, seleccionada por el 62,7 % de los participantes, y con el apoyo, mencionado por el 41,2 %. Asimismo, el 96,1 % de los estudiantes considera que el amor se vuelve más maduro con la edad.
Con el paso del tiempo, las prioridades cambian. Para los adultos, el respeto y la comunicación, seleccionados por el 72,9 % de los participantes, junto con la confianza, mencionada por el 60,4 %, son los principales pilares de una relación.
En este grupo, el amor se entiende principalmente como la construcción de un proyecto de vida compartido, opción seleccionada por el 70,8 % de los participantes, acompañado de estabilidad y apoyo mutuo. Además, el 95,8 % de los adultos considera que el amor se vuelve más maduro con la edad. Las respuestas abiertas y las entrevistas también mostraron que las experiencias, las responsabilidades, las rupturas y los aprendizajes personales influyen en la manera de comprender y vivir el amor.
Desde la mirada pedagógica y antroposófica que conocimos en un encuentro con El Cuenco del Sol, entendimos que el amor atraviesa diferentes etapas relacionadas con nuestro desarrollo corporal, emocional y espiritual. Mientras que en la juventud existe un mayor descubrimiento de la identidad y de las emociones, con la madurez las relaciones pueden convertirse en espacios de crecimiento, comprensión y construcción conjunta.
Aunque las formas de relacionarnos han cambiado con las redes sociales y la tecnología, algunos elementos permanecen: el respeto, la confianza, la comunicación y la empatía continúan siendo fundamentales en el amor, sin importar la edad.
Como parte de la investigación, también creamos, ilustramos y socializamos el cuento Los siete jardines de la vida, dirigido a los niños de primaria para explicar, de manera cercana y didáctica, cómo el afecto y el cuidado evolucionan junto con nosotros en cada etapa de la vida.
Durante la socialización, los participantes reconocieron que cada persona tiene una forma diferente de sentir y expresar el amor. También comprendieron que el amor no es algo que simplemente aparece, sino que debe construirse y cuidarse con paciencia, cariño y comunicación.
Si te gustaría conocer más acerca del tema, te invitamos a leer nuestra investigación titulada La evolución del amor: sus cambios a través de las generaciones, que reposará en la biblioteca de nuestro colegio.
Brisa Flórez Betancur
Isabela Restrepo Castrillón